Yael


En la localidad de Yael los aprendieron a saludarse ceremoniosamente con los ojos; en ocasiones aplicando lo que se denomina metalingüística ocular: la participación de las pestañas u otros factores. Vale añadir a ésta sutileza de cortesía lo siguiente: cuando un hombre camina por una callejuela al toparse con otro éste le alarma con la vista, a modo de saludo, qué es lo que le quiere expresar. Podrán preguntar cómo es ésta intercambiabilidad exenta de léxico. El código es el efecto de un convencionalismo hipnótico, o sistema de señales, que según la dilatación de la pupila, la agresividad es mayor o menor: cuanto más dilatada la pupila menor la agresividad, y viceversa. Es una comunicación social que tiene más de congénito que de virtud. Hay individuos nacidos con los ojos fuera de lo común, ciclópeos y otros no tanto al punto que suele confundírselos con japoneses. Parecería una ciudad de anómalos para aquellos que están habituados a las grandes urbes, a la pasión por el insulto, y a la travesura del poder. Sin embargo todo no es como aparenta en las primeras líneas. Llegado a ciertos hechos sociales – riñas, boxeo cotidiano, luchas de clases – tuvo que convenirse reducir el diálogo, y cualquier modo de hacer explícita la ideología sin que el locutor se precaviese de su prudencia. Quizás este contrato social pude ser tildado de arbitrario y despótico. Pero no. Aquí no se trata de malas designios sino como afirmaban los viejos y conservadores sociólogos de crear armonía.

Las estadísticas de peleas habían disminuido progresivamente al ponerse en vigencia este mecanismo de trato. Quien transgredía la norma se lo cautivaba por dos días sometiéndolo a rigurosos ejercicios oculares. Precedentemente la gran utilización del léxico, ideologías, y maléficas metáforas convertían un conjunto de enunciados por un conjunto de puños. Y como en la naturaleza sobrevive el más apto; el que más diámetro poseía se consagraba victorioso.

La fraternidad  se había cumplido con esta forma de cordialidad. Nada acontecía como antes, la cosa política, económica, y social era disputaba por la mediación de los ojos, y punto.

El bando de oposición y oficialismo, falsedades y veracidades, es decir, la prensa como núcleo generador de opiniones fue descartada siendo trasladada a Júpiter. Allí algún asteroide fatigado de tanta soledad estaría entregado a una larga charlatanería. Ciertamente se convino que no era necesario mal informar y confundir a los oídos. Se vislumbraba una etapa nueva,  los hombres podían vivir una vida más tenue sin atribuirse fuentes que más de las veces solían ser ideadas a conveniencias minúsculas. Diversos valores que incomodaban la convivencia mansamente se esfumaron. Ninguno debía empalagarse  por si el otro pensaba de modo parejo o desigual. Cada uno se constituía en el seno de su rancho sin el instinto de verificar cómo iba la cotidianidad del vecino. Pronto los nombres se desfiguraban para convertirse en dichosos signos. En vez de una secuencia de fonemas se improvisaba con un icono pictórico; y éste presentaba los mismos rasgos de la víctima iconizada. La propuesta de Gilles Deleuze y Félix Guattari del rizoma podía distinguirse claramente en Yael, no había una jerarquía vertical sino por lo contrario, horizontal. No había torneos de narices para ver quién la tenía más puntiaguda que las otras, todas estaban caracterizadas por ser monótonas.

El proceso de interacción silenciada llevó años para poder aplicarse eficientemente. Entiéndase silencio no como redención ante la expresión. Sino por la apertura insólita de dirigir las cosas, ejercitar el movimiento ocular y la prudencia a través del silencio. Aclaremos que estaba permitida la intervención de ambos ojos y además de pestañas, y morisquetas con las manos. Asunto que dependía exclusivamente de la destreza individual.  Los menos adaptados optaron por exiliarse y combatir desde afuera ante la supuesta obscena implementación. Al tiempo dieron cuenta de que ni un ápice podían reformar. Pese a que nada boicoteaba el desarrollo de Yael los años dieron fruto a las nuevas normas que fueron engrosándose. Al fin y al cabo, el sistema logró ser de manera tal que muchos forasteros inmigraron a la nueva ciudad con la intención de vivir pacíficamente.

Bernabé De Vinsenci

 

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Acerca de lasletrasmolan

Soy licenciado en Filología hispánica y profesor de asignaturas de letras: Lengua castellana, Lingua galega, Latín, Historia, Filosofía, Técnicas de expresión escrita, Francés. Tengo experiencia docente en colegios, academias y a domicilio. Ofrezco una visión lúdica de las materias de letras, sin olvidar la base teórica y teniendo muy en cuenta las dificultades del alumno a la hora de afrontar sus estudios. Querido profesor: también cuento contigo y tal vez en algún momento te sientas identificado con alguna de las situaciones aquí expuestas. Queridos padres: sin vosotros esta página no sería posible. Si quieres clases u organizar talleres de escritura o de lectura, no dudes en escribirme o llamarme. Puedes llamarme al 628693668 o escribirme a lasletrasmolan@hotmail.es
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