Felicidad y diversión en el aprendizaje escolar, un reto para la docencia.


Esta es una colaboración para Las Letras Molan de Odilón Moreno Rangel.
Es profesor investigador en institución pública formadora de docentes; autor editor e investigador independiente en ediciones Tlaloque. Enlaces: http://revista-tlaloque.blogspot.mx/, ed.tlaloque@gmail.com, https://www.facebook.com/revista.tlaloque.

En este breve trabajo planteo una aproximación a fundamentar teóricamente una didáctica de y para la razón, las emociones y los sentimientos. Refiero mi experiencia en mi ámbito laboral en la formación docente en México.

Durante mi trayectoria como docente en México he escuchado repetidas ocasiones la demanda de que las clases deberían ser divertidas. La anécdota es curiosa porque mi quehacer en la enseñanza ha sido fundamentalmente en la formación de formadores. Pero la rareza aumenta porque los alumnos que atiendo son profesores de educación básica. También como investigador, al interpretar relatos de vida docente, he mirado que la escuela no es un lugar que cause felicidad, por el contrario puede ser fuente de sin sabores y daños emocionales. Recuerdo el caso de una alumna que en clase era introvertida, cuando leí su relato de vida me di cuenta porqué. Ella narra que cuando cursó la educación básica, una profesora se burló de un comentario que hizo, pero no sólo eso, sino que permitió que los demás compañeros de clase lo hicieran, el resultado fue que ahora la mencionada alumna en formación docente, tenga un temor a ser objeto de burla y por eso se reserve en exceso sus participaciones. Ella no fue feliz en la escuela.

Por otro lado derivado de mi formación y de la apropiación teórica del constructivismo consideraba que la variable más importante para el aprendizaje eran los conocimientos previos, y en cierta medida, la motivación, pero no reparaba en los sentimientos y emociones para aprender. Esta visión ha ido cambiando a partir de lecturas de las aproximaciones teóricas de Mauricio Beuchot Puente y Luis Eduardo Primero Rivas, quienes han trabajado la hermenéutica analógica y la pedagogía de lo cotidiano. Pero también la propia reflexión de mi acontecer y dialogar con los alumnos ha contribuido. Por eso cuando leí en Facebook acerca de “Las letras molan”, no pudo más que atraparme la frase, y llevarme a escribir la presente reflexión. En México no se usa la palabra “mola” pero sé que significa alegre, agradable, divertido, etc., algo que es para disfrutar. Ahora considero que para aprender es de vital importancia tanto los conocimientos previos, los procesos intelectivos, como las emociones y los sentimientos. Pero también advierto que hay un vacío didáctico, es decir no hay una didáctica de y para la razón, las emociones y sentimientos, y que lleve a sentirse feliz por aprender en contexto escolar. Es una veta teórica y práctica que es necesario ir construyendo y sistematizando.

Pero cómo es que los sentimientos y las emociones, siendo tan humanas, estén extirpadas de los currículos de formación escolarizada. Primero nos da la respuesta, la extirpación proviene de la modernidad. La modernidad erigió la razón y la objetividad como condiciones para la felicidad, este pensamiento se instaló en la ciencia y luego en la escuela vía la ciencia escolar. Así se trató de formar en la razón lógica, científica, objetivo, referencial; se trató de evitar a toda costa la subjetividad, los sentimientos, las emociones, etc., porque constituían un obstáculo para aprender. La psicología del aprendizaje constructivista y cognitiva, nacidas de la modernidad, hicieron lo suyo, nulificaron la vida emocional del aprendizaje, y se centraron en procesos lógicos, medibles, cuantificables en la mente humana, incluso hicieron la analogía de la mente humana con la computadora. Aun en el actual enfoque de formación por competencias se nulifica la vida emocional, no obstante hay la consideración del saber “ser”, que se ha quedado en sólo retórica, en meras palabras porque la argumentación teórica basada en las psicologías antes mencionadas, no se ocupan del ser y su desarrollo. Me parece que el cognitivismo de Maturana y Varela, al unir mente y cuerpo, razón y emoción, referencia y sentido, pueden mejor argumentar teóricamente el enfoque de competencias.

Lo que escribo no es algo que esté generalizado en la mente de los profesores en México, de hecho, la hegemonía del constructivismo y cognitivismo de Estados Unidos y Europa, es patente. En la revisión de los estados de conocimiento que se refieren en los programas de las diversas asignaturas del plan de estudios vigente en la formación docente, prevalece el constructivismo y el cognitivismo, y están ausentes Maturana, Varela, Beuchot y Primero, a pesar de que su trabajo tenga decenios y que haya publicaciones importantes a nivel mundial.

En los recientes intercambios de significados con algunos de los alumnos que atiendo en la escuela normal, precisamente les mencionaba que en las planeaciones didácticas se consideraba el enfoque, los propósitos formativos, estándares curriculares, competencias, estrategias de enseñanza, estrategias de aprendizaje, estrategias de evaluación, etc., así como su consistencia interna, pero no se pedía que se planeara para la consideración de la vida emocional y sentimental para los aprendizajes. Por ejemplo “lograr que los alumnos estén felices y se diviertan por aprender”. Puedo decir que en las escuelas existe el nihilismo escolar de alumnos y profesores, hay un sin sentido para aprender y enseñar. Los alumnos no son felices en la escuela, no se forman, pueden aprender pero no formarse. Si bien se han diseñado e implementado los programas de tutoría para mejorar la eficiencia terminal y reducir los índices de deserción, lo cierto es que estas acciones quedan en la visión de lo gerencial, la administración que no está nutrida del humanismo. Puede haber buenos números de ingreso, permanencia y salida de alumnos, pero eso no significa que sean felices, que se diviertan al aprender.

Por último debo de mencionar que la didáctica de y para la razón, las emociones y sentimientos, supone un gran reto para los profesores. Si bien, en términos prácticos, hay profesores que hacen el aprendizaje divertido, los alumnos son felices, se desarrollan humanamente, hay vacío teórico, las experiencias no están lo suficientemente teorizadas y sistematizadas. En la formación escolarizada debe primar el rigor sistemático de la ciencia y el de la vida emocional; ni ser todo razón, referencia, objetividad, ni sobrecargarse de sentido, subjetividad, intuición e imaginación. Retomando la hermenéutica analógica, debe haber un equilibrio proporcional tendiente a la formación de ciudadanos virtuosos.

Bibliografía consultada

Beuchot Puente, Mauricio; Primero Rivas, Luis Eduardo (2003) La hermenéutica analógica de la pedagogía de lo cotidiano, Primeros editores: México.

Marturana, Humberto (1996) El sentido de lo humano, Dolmen Ediciones: Chile.

Marturana, Humberto; Varela, Francisco (2003) El árbol del conocimiento. Las bases biológicas del entendimiento humano, Editorial universitaria, Lumen: Argentina.

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Acerca de lasletrasmolan

Soy licenciado en Filología hispánica y profesor de asignaturas de letras: Lengua castellana, Lingua galega, Latín, Historia, Filosofía, Técnicas de expresión escrita, Francés. Tengo experiencia docente en colegios, academias y a domicilio. Ofrezco una visión lúdica de las materias de letras, sin olvidar la base teórica y teniendo muy en cuenta las dificultades del alumno a la hora de afrontar sus estudios. Querido profesor: también cuento contigo y tal vez en algún momento te sientas identificado con alguna de las situaciones aquí expuestas. Queridos padres: sin vosotros esta página no sería posible. Si quieres clases u organizar talleres de escritura o de lectura, no dudes en escribirme o llamarme. Puedes llamarme al 628693668 o escribirme a lasletrasmolan@hotmail.es
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Una respuesta a Felicidad y diversión en el aprendizaje escolar, un reto para la docencia.

  1. samuel dijo:

    Acertadísimo enfoque para la educación de hoy, si aceptamos la afirmación del Filósofo y científico chileno, Dr.Humberto Maturana, somos “seres amorosos”

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