Sobre lo moderno y la visión del paso del tiempo


Pensaba ahora en la tendencia al adanismo y a encumbrar obras como el súmmum de la originalidad absoluta cuando no deja de tener mérito que sean una pieza más en una cadena a lo largo del tiempo y que lograran jugar con las cartas adecuadas. A veces miramos la materia artúrica como una tradición con rasgos muy definidos, muy anquilosada, y nada más lejos de la realidad. Nos hemos acostumbrado a mirar la reinterpretación del mito artúrico como una pieza bajo el prisma de la tradición inglesa igual que miramos a autores como Tolkien como el gran autor de la fantasía épica olvidando que Tolkien tiene una enorme producción detrás; producción que moderniza, transforma, usa para crear ese mágico mundo que nos encanta, pero que no deja de estar ahí. También le pasó a “El ingenioso hidalgo don Quijote de la mancha”; no podemos olvidar que es una obra barroca en su máximo exponente y que su interés surge del choque entre un mundo clásico y una modernidad decadente y oscura respecto a la imagen edulcorada de ese mundo clásico medieval del que nos hablan las novelas de caballería. Al fin y al cabo, las novelas de caballería surgen a finales de la Edad Media como una idealización de esta desde una óptica renacentista, en la que el medioevo sólo puede ser visto desde su mirada oscura con la decadencia del mundo grecolatino, en que el saber y su concepto de progreso desde el mundo antiguo quedaba destruido por otra cultura invasora o esa idealización de los cánones míticos. Quizá la mejor forma de definir la filología sea el ser buscadores de oro en un río. Entre tanta arena como hay, las cosas áridas no son algo rato al mirar cualquier época, encontrar los lingotes de oro. No siempre son los que la tradición dejó, aunque suele haber algo de oro en lo que la tradición ha dejado; alguna obra puede ser más discutible o que cada cual encuentre interés en unas cosas u otras, pero hay mucho de interés por mirar, encontrar y sacar una nueva lectura.

Es imposible quitarse el antifaz de la modernidad y todo lo que ha supuesto. Para nosotros, Mordred siempre será un hijo incestuoso de Arturo y Morgana que le herirá de muerte en la batalla que acabará con la promesa de un Arturo que será llevado a la isla de Avalon para regresar algún día y Merlín irá siempre con él y ya no digamos que el Grial será una copa.  Incluso cuando cambien muchas cosas como en la serie de Merlín, en que lo que apunta que es “El grial” es más bien un nibelungo (Al menos lo que recuerdo de ese mito germano), Mordred es un druida sin ningún parentesco con Arturo y Morgana es medio hermana enemiga en todo momento y parte desde adolescentes, desconociendo completamente Arturo y los demás que Merlín es un mago.

Por no hablar de frases como “Conócete a ti mismo”, asociada hoy a la psicología y a conocer nuestro pasado en lugar de conocer hacia dónde hemos de dirigirnos y qué presente y futuro forjarnos para vivir mejor.

 Tampoco dejaremos de ver un cierto toque romántico en el idealismo de Alonso Quijano al convertirse en Don Quijote y nos sentiremos como él en relación al mundo en que vivimos; una especie de lunáticos que creemos que el mirar al pasado y permitirnos jugar con él, investigarlo, descubrirlo, puede llegar a servir para algo, aunque tengamos un Sancho dentro que nos haga muchas veces tirar la toalla y el desanimo porque también tenemos que comer y, lamentablemente, la sociedad y el mercado de trabajo están dispuestos a mantener a muy pocos quijotes y la mayoría de aspirantes deben desistir por falta de recursos u ofertas de trabajo al respecto.  Tampoco podemos ver los templos griegos con vivos colores algo cursis o nuestras catedrales como algo parecido, lleno de color para acercarnos a la divinidad. Tenemos una enorme tradición detrás que equivale a que de repente nos hicieran una peli de Jurassic Park con unos velocirraptores con plumas. Sin embargo, conviene aprender a disfrutar de esas pequeñas cosas. Leer a Giuseppe Parini y su sátira de la nobleza de su época, que no dista tanto del mundo frívolo de muchas series de adolescentes ricos; ya no hay oficialmente chichisbeos, o cuchicheadores, pero no hace falta irse muy lejos para ver tópicos muy presentes en la mentalidad de ese público. No hay un chichisbeo pero la figura del guaperas rico al que ella le considera su perrito faldero y la riqueza como un poder absoluto para los caprichos más superficiales es algo que podemos encontrar en publicidad.

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No hay un tipo rico atropellando a niños con su coche (El que decapiten a unos niños con la rueda de los carros porque eran mendigos en medio de la calle y que se quejen porque tendrán que limpiar la sangre es algo que no estaría muy bien visto hoy día) porque, aparte de ser demasiado  “Eagleheart” (Esa comedia gore de un policía en plan parodia de “Walker, Ranger de Texas”; muy políticamente incorrecta), es muy ofensivo, pero casi todo es bastante parecido. El uso del conocimiento como mero espacio de cotilleo social frente a una búsqueda de un interés constructivo de ese conocimiento con las clases de francés son un ejemplo; el conocimiento por interés o por titulitis.

  Con las de Merlín y Arturo el cambio es también muy sustancial. Primero porque son dos historias distintas. Merlín parte como la niña de “Expediente 39”, sólo que la visión que tenían de él en la época era más la de Vlad El Empalador venerado como un justiciero que masacraba infieles turcos empalándolos con una pica; completamente distinta de la visión que tenemos de Vlad El Empalador en cuanto a cómo nos sentimos ante esos hechos;  ninguna persona con un poco de empatía puede pensar en aquello como hechos reales y no horrorizarse. Es curioso porque ya sale la mención a los dragones y a la mesa redonda y muchos intentos de asesinato hacia su persona porque se enteraba de todo de todos y ejecutaba a los que consideraba malvados con medios mágicos tan atroces como los de una peli de terror, pero era visto como el bueno de la película, a semejanza del Yahvé del antiguo testamento. También a semejanza de “El cantar de Roldán”, en el que la batalla no es menos épica que cualquiera de las macro batallas actuales y Carlomagno y Roldán ejecutan al traidor con un método tan brutal que casi nadie se lo desearía ni a su peor enemigo. Una historia clásica en la que lo divino se mezcla con esos héroes invencibles que sólo son vencidos por otros héroes o por un traidor; ya que aquí Ganelón es la figura clave y es noble.

En el caso de Arturo, nos encontramos con que las principales fuentes son del folklore Galés como un héroe más en su viaje típico, suponiendo que sea realmente de la época supuesta, y otros como el Roman De Brut. Pero Merlín, grial y Arturo no van en origen unidos. Es interesante la lectura de Chretien, no sólo por ser el primer autor de la historia en crear novelas con personajes conectados entre sí en tramas cruzadas; lo que hoy llamaríamos un crossover o mundos de corte horizontal, sino por ver cómo cambia el mito. Son algo que no se aborda mucho por esa tendencia a considerarlos algo muy intelectual, muy de lo que se viene llamando de modo despectivo “gafapasta”, pero que tiene su interés. Aparte de lo entretenidos que resultan en muchos momentos, está el hecho de ver lo distintos que son los discursos y lo distintos que son respecto a la tradición.

Por un lado tenemos una trama que luego veríamos en “Sir Gawain y el caballero verde”, al menos lo que leí del comienzo de esa obra, con una cena con banquete festivo como punto de partida, un Keu, Kai en versiones posteriores, que, lejos de ser el malvado traidor que asesina con trucos a Galván en libros de otros autores, es un fanfarrón, un burócrata creído que piensa que puede hacer la misma aventura que los caballeros pero no es uno de los elegidos; el hecho de castigarse de forma cómica la bravuconería, que podemos recordar especialmente en “Regreso al futuro”, es un recurso que también se usa en otras obras; recuerdo que había una obra en la que los caballeros de Arturo, que también están idealizados pues, como señalan las crónicas, eran unos tipos cachas, unos bigardos malolientes y rudos, van a Constantinopla y fanfarronean en un banqueta; el emperador les obliga a cumplir en una noche todo lo que alardeaban o les cortaba la cabeza; lo consiguen todos salvo uno, al que le perdonan porque la hija del rey intercede ya que yació cien veces con ella en lugar de las ciento quince (Creo que era ese número) que fanfarroneó; una sátira clara. Es el personaje cómico de la historia.

Nos topamos con obras en las que ese es el punto de partida y luego hay un viaje. Lo céltico está pero cada una de las tres obras de temática artúrica de Chretien tiene su propio camino. En “El caballero de la carrera” tenemos una especie de thriller con un caballero misterioso que debe pasar por todas las deshonras posibles, empezando por ser subido a una carreta llevada por un felón (Que en origen era un traidor de la talla de Ganelón y con el paso del tiempo se convirtió en lo que viene siendo Tyrion Lanister a ojos de los otros personajes; un enano pérfido, manipulador y con mucha malicia que es tolerado, aunque reprobado, por el resto de personajes; especialmente los personajes que se jactan de ser honorables),  incluso por la muerte simbólica de ser enterrado vivo, para luego plantearnos una historia en la que se justifica el adulterio de la reina Ginebra (Ya tenemos otro punto de la tradición) y acusan a Keu, que sigue metiendo la pata; al fin y al cabo es el senescal.

 ¿A que no es lo mismo que Denethor? Se ve que no ha sido él y vuelve a recibir un trato condescendiente como hermano de leche de Arturo; no importa sólo el linaje sino que los afectos y la crianza común pueden sobre la sangre, aunque haya espacios reservados para los auténticos caballeros; algo que vemos roto casi completamente en la nueva serie de Merlín, donde varios de los caballeros de la mesa redonda son meros guerreros sin nada de nobleza pero que, al ayudar a Arturo a recuperar Camelot, alcanzan la nobleza de corazón que tan importante era para el mundo un poco posterior de la Italia de Dante; la confianza fruto del legado familiar o la confianza fruto de los méritos. Otro tema, fuera de trama artúrica original, con una historia de amor casi típica para la época, muy distinta del amor parodiado de la versión más popular de aquel entonces de “Tristán e Iseo”; un amor fruto de la magia, de dos guerreros de armas tomar, casi perfectos, que están condenados a un amor fatal y adúltero; aquí tenemos una transposición de roles; frente a una historia de ese tipo, la de “Erec y Enide” es de Enide no sólo como esposa sumisa sino como escudera y una ruptura, en pequeños pasos, respecto a lo anterior.

En el medioevo comienza a haber un mayor poder de la nobleza femenina respecto a lo anterior porque las mujeres, con la marcha de sus maridos a la guerra, se convierten en las regentes, las senescales, en muchos casos y los espacios público y privado empiezan a desdibujarse en este contexto. A ello ayuda el tópico del amor cortés, en el que la figura de la mujer María sirve para elogiar a los señores a través de fórmulas de amor inalcanzable hacia sus damas en un juego de peloteo que va cambiando la imagen de la mujer, al menos la mujer noble, la dama, y la visión social del adulterio. No es que no hubiera condena al adulterio pero podían permitirse este tipo de juegos como nosotros ahora al ver una película sobre asesinos, criminales y otros personajes con un código moral y una conducta reprobable que, dentro de la ficción, alcanza una nueva dimensión y no nos resultan tabú; si bien Chretien acaba castigando en “El caballero de la carreta” al héroe por su adulterio con un nivel de castigo equivalente a si hubiera sido una mujer (Recordemos que la sociedad medieval era muy machista y que de mujeres encerradas por celosos en torres está llena la literatura y tiene su base real); lo que nos lleva a pensar que más que un héroe es el villano de la historia para Chretien puesto que su heroísmo está enfocado a cumplir no tanto con su misión sino con la consecución de un amor ilegítimo, aunque el propio personaje, al que descubrimos incluso tratando de suicidarse por amor, uno de los mayores crímenes en la época, trata de luchar contra su amor y considerar que sólo le mueve la misión caballeresca; al final su historia termina con ese castigo; nada parece indicar que, al contrario de lo que pensaron sus continuadores, Chretien pretendiera continuar su historia.

Por contra, en “Erec y Enide”, Chretien, con su Arturo estilo Carlomagno, de sabio consejero, aunque sin su vertiente de juez que ajusticia, sino sólo el lado magnánimo, actúa como un macguffin secundario para una historia en la que el gran motor es fundir la vida marital con la misión, el espacio público y el privado colaborando para alcanzar un final de buenos gobernantes sobre lo público.

En “El caballero del león” nos topamos con un héroe imperfecto, una figura cuyo poder reside no en él sino en el león que le acompaña como una prolongación de sí mismo, un personaje adorado por las mujeres, la referencia a ponerle pomada en todas parte se puede considerar una clara alusión sexual, con un toque más humanizado respecto a la visión que tienen de Roldán en el original; bien diferente del Roldán de las novelas de caballería, el famoso “Orlando furioso”, al que vence Angélica disfrazada de soldado, de nuevo apariencia y ruptura de roles, ya que el original es más un frío gladiador, con una misión mística religiosa encabezada por sus sueños, según recuerdo, lo más interesante de la obra, sin interés real por el amor pero admirado por todas, con una admiración amorosa erótica. Vive aventuras y Keu no recuerdo si también metía la pata o no pero sigue siendo el personaje ridículo porque romper el orden social era de locos y los locos son insensatos que no hacen lo que deben ni dicen lo que deben y por ello son ridiculizados y mantenidos en un estatus de condescendencia; más o menos como al toparnos con un majara por la calle hoy día o al mirar a Don Quijote con la mirada de su autor.

En “El cuento del grial” nos topamos con dos historias cruzadas ligeramente y una nos recuerda la tragedia de la inexperiencia y respalda el tema de la sangre como marca de destino. La única que tiene película (http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-511/ Una película muy teatral y fiel al texto original, que bien puede recordar al film teatral ruso sobre “El hobbit”). En ella vemos los errores de Perceval, resaltando que no sólo se es caballero por sangre sino que el poder requiere de aprender a usarlo. Y el tema del pecado y la culpa así como los secretos al contemplar Perceval el grial. La parte de Galván es más aburrida porque son las historias del modelo de perfecto caballero, el cual siempre gana bajo sus reglas de la caballería, la figura idealizada y perfecta; el Roldán de su ciclo artúrico. También el tema de la fe y el grial es luz mágica, una pieza mínima, simple, no una copa, asociada con el sol y la luz porque es la luz divina; el rumbo que Perceval pierde en ciertos momentos, inmerso en los bosques y la vida de ermitaño, antes de tomar un nuevo camino de redención; el perdernos en un bosque es una de las metáforas colectivas más potentes que existen; da igual cuál sea nuestro bosque; el laberinto y el bosque siempre van a marcar un punto de paso, peligroso además de crucial, con una búsqueda por mejorar y un silencio que habla mucho…

“Cligés” no la conozco mucho, tengo pendiente leerla algún día, pero sí se deja entrever que es una obra que ya hacía que “Elementary” tuviera menos originalidad en su propuesta al pasar las historias de Sherlock Holmes a Estados Unidos; en “Cligés”, Chretien transporta la historia artúrica al mundo bizantino, a Constantinopla, y convierte la corte artúrica en una obra bizantina. Y rompe con los elementos mágicos; algo que casi podemos ver en “Vikingos”, si bien el tema premonitorio se sale un poco de la ausencia de lo sobrenatural más allá de la creencia subjetiva, con esa historia de corte histórico en un espacio centrado en lo exótico de la perspectiva de los vikingos frente a la mirada de los cristianos; que les veían como meros salvajes asesinos y saqueadores, o el casi por completo no mágico “Camelot”; esa serie que aborda la historia artúrica desde el punto de vista político en su única temporada.

Con todo esto simplemente quería poner ejemplos de lo interesante que puede ser mirar las diferentes piezas del proceso sobre cómo cambian los mitos y las tradiciones en las historias de ficción, pese a que, como individuos, las historias han cristalizado de cierta forma en muchos casos y nos cuesta imaginar que fueran de otra forma para otras generaciones y que mucho de eso ha prevalecido de un modo u otro.

 

 

Javier Valladolid Antoranz, licenciado en filología Románica y Filología italiana por la Universidad Complutense De Madrid, devorador de cine y series de televisión, especialmente la ciencia ficción y la fantasía, colaborador en el programa de radio online Tócala Y Vete escritor; actualmente escribiendo una saga de poemas narrativos de ciencia ficción y filosofía, aunque también ciencia ficción en prosa y fantasía épica en prosa entre otras cosas.  

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Acerca de lasletrasmolan

Soy licenciado en Filología hispánica y profesor de asignaturas de letras: Lengua castellana, Lingua galega, Latín, Historia, Filosofía, Técnicas de expresión escrita, Francés. Tengo experiencia docente en colegios, academias y a domicilio. Ofrezco una visión lúdica de las materias de letras, sin olvidar la base teórica y teniendo muy en cuenta las dificultades del alumno a la hora de afrontar sus estudios. Querido profesor: también cuento contigo y tal vez en algún momento te sientas identificado con alguna de las situaciones aquí expuestas. Queridos padres: sin vosotros esta página no sería posible. Si quieres clases u organizar talleres de escritura o de lectura, no dudes en escribirme o llamarme. Puedes llamarme al 628693668 o escribirme a lasletrasmolan@hotmail.es
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