La última clase de Filosofía.


Hay un bonito cuento de Alphonse Daudet titulado La última clase de francés, La dernière classe en el idioma original, que sirve de inspiración para lo que luego voy a explicar. La acción de esta obra se sitúa en Alsacia, un territorio actualmente francés pero que durante muchos años se disputaron Francia y Alemania; en el momento que está transcurriendo la acción dicha región pasará en breve a integrarse en Prusia y ese día toca la última lección de francés, ya que a partir de entonces, será la otra lengua la que pase a ser la oficial.

El alumno, poco aplicado, recibe una hermosa lección de vida, se lamenta de no haber aprovechado bien la asignatura en todos esos años, el profesor, también hace un ejercicio de autocrítica y admite que no siempre fue fiel a sus obligaciones docentes. Esa clase es la que mejor aprovecharon todos, por ser la última.

¿Pasará lo mismo en la última clase de filosofía?

En España estamos a muy poco de saber cómo puede ser esa última clase, pero no por la invasión de los alemanes. Es la séptima reforma educativa llevada en España desde 1970, el séptimo golpe de timón dado por el gobierno de turno que cambia las leyes del partido que antes gobernaba. Así lleva pasando desde entonces. En este caso la víctima es la asignatura de Filosofía, en el curso de Segundo de Bachillerato, el último antes de llegar a la Universidad, cuyo estudio pasa de ser obligatorio a ser una materia optativa para quienes cursen letras.

Lo curioso de esta ley educativa es que entre sus objetivos se encuentran: consolidar la madurez personal y social del alumno, desarrollar su espíritu crítico, fomentar la igualdad entre hombres y mujeres, afianzar los hábitos de lectura, estudio y disciplina como medio de desarrollo personal, conocer y valorar críticamente las realidades del mundo contemporáneo y sus antecedentes y los factores de su evolución. Por lo visto, la filosofía apenas puede ayudar en esta tarea.

Claro, la filosofía no es necesaria para saber que nuestro sistema de gobierno, democrático, tiene sus raíces en Grecia, hace 2000 años, ni tampoco es necesario saber que Platón postuló una sociedad justa basada en que cada uno tuviese su responsabilidad en función de sus capacidades, ni para aprender a argumentar en caso de que nos encontremos en la vida a un “Sócrates” con mala intención. Por supuesto tampoco es necesario conocer el concepto de alienación marxista, porque las personas están totalmente satisfechas con sus trabajos y reciben el salario que se merecen, se les tiene en cuenta la plusvalía del mismo, ni tampoco es necesario conocer las diferentes teorías sociales, ni de Hobbes ni de Rousseau, ni que el positivismo en una corriente que ha influido en los gobiernos de muchos pueblos; claro, todo eso no sirve para explicar el mundo contemporáneo, ni para ser crítico con él, ni para conocer sus antecedentes, ni para fomentar la igualdad entre hombres y mujeres.

¿Cómo será esa última clase de filosofía que se encuentra tan próxima en el tiempo? Me atrevo a imaginármela. Si el calendario de implantación de la LOMCE se establece de acuerdo con los plazos establecidos; este será el último curso de 2º de Bachillerato en el que imparta. Dicha clase se desarrollará en los primeros días de junio, será de preparación para la Selectividad, prueba que también desaparece, o cambia de nombre, en este mismo curso; será una lección de repaso en la que se den las indicaciones necesarias al alumnado para que el comentario de la prueba de acceso sea lo más exitoso posible. Los alumnos sabrán que están ante un momento histórico, pues son la última promoción que estudia esa materia, pero como de costumbre, todo tendrá mayor dimensión con el paso del tiempo; no estarán tan apesadumbrados con los chicos de Daudet, pero cierta pena guardarán en sus corazones, pienso que no se lamentarán de las veces que dijeron que la asignatura les aburría porque desde el principio de curso saben que son los últimos que la verán y la cogerán con cierto entusiasmo. Los propios profesores, por la misma razón, darán lo mejor de sí mismos a lo largo del curso y la convertirán en una materia apasionante. En ese último día se recordará todo el bien que le hizo la filosofía a la humanidad, la importancia de un Stuart Mill para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres, de un Descartes que nos dice que los sentidos nos engañan o de un Hume para el que los sentidos son primordiales; la necesidad de una correcta lectura de Marx y de Nietzsche para comprender que un siglo después, precisamente una incorrecta interpretación de ambos, casi llevó a perpetrar a unos pocos, aprovechándose de la incultura de las masas, las mayores locuras jamás conocidas por la humanidad y que jamás deben repetirse. La emoción los embargará a todos.

Después de ese día ya nada volverá a ser lo mismo. Vendrán nuevas generaciones que desconocerán todo lo anterior, tan solo aquellos que la tomen como materia optativa, suponiendo que se ofrezca en los institutos, sabrán de ella. La Filosofía es la última víctima, y esperemos que no haya ninguna más, de las humanidades en el sistema educativo español; la Lengua y la Literatura están unidas en una sola materia, el Latín también está relegado a materia optativa y ahora le toca a nuestra protagonista; ojalá que ese mundo de Fahrenheit 451 en el que se quemaban los libros no sea más que eso, un mundo imaginado en una novela de ciencia-ficción.

Publicado anteriormente en: http://www.cultograma.com/la-ultima-clase-de-filosofia/

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Acerca de lasletrasmolan

Soy licenciado en Filología hispánica y profesor de asignaturas de letras: Lengua castellana, Lingua galega, Latín, Historia, Filosofía, Técnicas de expresión escrita, Francés. Tengo experiencia docente en colegios, academias y a domicilio. Ofrezco una visión lúdica de las materias de letras, sin olvidar la base teórica y teniendo muy en cuenta las dificultades del alumno a la hora de afrontar sus estudios. Querido profesor: también cuento contigo y tal vez en algún momento te sientas identificado con alguna de las situaciones aquí expuestas. Queridos padres: sin vosotros esta página no sería posible. Si quieres clases u organizar talleres de escritura o de lectura, no dudes en escribirme o llamarme. Puedes llamarme al 628693668 o escribirme a lasletrasmolan@hotmail.es
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Una respuesta a La última clase de Filosofía.

  1. Javier Valladolid Antoranz dijo:

    Vivimos tiempos complicados. Yo me he visto con más de una crisis. No es que las humanidades hayan dejado de gustarme en ningún momento, pero realmente uno se pregunta, cuando pasa unas cuantas horas ahí fuera y ve que el mundo no quiere escuchar, qué sentido tiene estar empeñándose. Es un poco como el tópico del chico malo; que todas las chicas dicen buscar un chico bueno y tal pero, a la hora de la verdad, aprovechan la primera oportunidad para dejar al buen chico con el que estén por el guaperas malote. A mí la sensación que me crea la situación es que se habla mucho de la importancia de la filosofía y las humanidades pero en la práctica se mueve el mundo por otros derroteros y no se escucha. Para mí es un gran problema porque el trabajo de un filólogo, de un bibliotecario, de un historiador, de un abogado, de un filósofo, de un historiador del arte o de un musicólogo se basan en un entorno de fuerza moral para esa legitimidad. El principio de que tiene importancia y sentido establecer un puente con nuestro pasado y que las conclusiones tienen una legitimidad. Si le hablas a un ciudadano de deberes, derechos y responsabilidades cuando ve que unos cuantos de sus políticos se pasan esas ideas por el forro y la justicia no es que sea lenta, sino lo siguiente, en condenar esas tramas y el ciudadano medio no ve la repercusión, cuando los humanistas ven, en muchos casos, peligrar su futuro laboral porque el neoliberalismo, tal y cómo se ha planteado en la práctica, tiene más en cuenta otras cosas como el beneficio a corto plazo a cualquier coste. Si al español medio le hablan de la lucha marxista y el problema social que tiene en su interior, mientras la imagen de los sindicatos ha sido comprometida y la reforma laboral no ha ido en la línea de proteger al trabajador sino de abaratar el despido para crear más trabajo precario (Qué el hecho de que un empresario pruebe a vivir un mes con el sueldo de sus empleados y les suba el sueldo a todos porque vio que en el día 20 no llegaba a fin de mes sea una noticia de esas que entrarían en los memes estilo “Cuarto milenio” ilustra la fe que se tiene en que los empresarios hagan lo correcto por sí mismos en este país. Si vas a una escuela oficial de idiomas y los alumnos necesitan una historia cómica para quedarse con el “do”, “does”, “was”, “were” y tal mientras que no hay ni un poco del temario que remita a una relación filológica diacrónica, aunque sea como curiosidad. Si las bibliotecas, por mucho que se hagan esfuerzos en el lado lúdico, siguen siendo vistas como un espacio fundamentalmente de hacer los deberes. Si hablar de historia suele ser incómodo para los poderes políticos porque, para empezar, deja un poco más imperfecta la democracia respecto al ideal que se ha vendido, aunque sea mucho mejor que las alternativas, y nos remite al turnismo y a una actitud de gobernar contra otra formación y no con otras formaciones, pues ni en educación nos ponemos de acuerdo. Al mismo tiempo, la formación musical resulta relativamente deficiente a nivel racional y apenas entendemos qué sentido tiene el que la música tome unos derroteros u otros; aunque ahí, todavía, hay una mayor presencia con orquestas, conciertos sinfónicos, presencia de la música clásica en el ámbito educativo, si bien no logramos entender casi nada. Y se crea una situación peliaguda para el ciudadano medio. Por un lado, ve que el sistema impide toda forma de objeción de conciencia y de protesta más allá de unas quejas que realmente no son escuchadas, por otro, se pregunta qué sentido tiene confiar en el sistema que no cumple con su parte y que actúa de forma claramente injusta, siendo mucho más severo contra la gente de menor poder adquisitivo y social, el “todo hijo de vecino” que contra alguien rico o metido en las esferas del poder; el cual siempre encuentra medios legales para conseguir la sentencia más favorable o salir de rositas; hasta el punto de situaciones surrealistas como que Esperanza Aguirre se ponga a discutir por una multa; las cuales, por cierto, han perdido la percepción de ser medidas educativas para ser medidas de recaudación al estilo de “Los peajes”. Y se confunde el respeto a la cultura receptora con obligar a alguien a romper sus creencias más fundamentales, como el caso del alcalde de Zaragoza, que se niega a no ponerles cerdo a los alumnos musulmanes argumentando que tienen que amoldarse a la cultura receptora, sin tener en cuenta que para ellos es como cometer canibalismo o para un vegetariano o un vegano comer carne; que se entiende que son muchos pero seguro que se pueden adaptar para que no lleve ese tipo de carne en los casos de los alumnos que lo soliciten; que es una comida al día y seguro que muchos alumnos lo pedirían. Son muchas cosas y la sensación de que, fuera de ciertos círculos, son contadas las personas que van a escucharte y, por tanto, el que uno se pregunte si merece la pena seguir luchando por cosas como que la gente aprenda a valorar la filosofía antes de la última clase o las humanidades antes de que el último humanista esté más preocupado por su empleo precario que por si las humanidades tienen sentido.

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