Consejos pennachianos V.


-Cincuenta y cinco minutos de francés -les explicaba yo a mis alumnos- son una horita con su propio nacimiento, su parte media y su final, una vida entera, en suma.

Eso es hablar por hablar, habrían podido responderme, una vida de literatura que enlaza con una vida de matemáticas, que a su vez enlaza con toda una existencia de historia que te propulsa sin razón alguna a otra vida, inglesa en ese caso, o alemana, o química, o musical… ¡Son un montón de reencarnaciones en una sola jornada! ¡Y sin lógica alguna! Vuestra distribución del tiempo es Alicia en el país de las maravillas: tomas el té en casa de la liebre de marzo y te encuentras, sin transición, jugando al cróquet con la reina de corazones… Y por añadidura la cosa se da aires de rigor… Solo la jornada de un psicoanalista y el salami del charcutero pueden cortarse en rodajas tan iguales.

Sería tentador responderles: dejad ya de refunfuñar, queridos alumnos, y poneos en nuestro lugar; por una parte, vuestra comparación con el psicoanalista no es tan mala; todos los días el pobre ve desfilar por su consulta las desgracias del mundo, y nosotros en nuestras clases vemos desfilar vemos desfilar la ignorancia en grupos de treinta y cinco y a hora fija, durante toda nuestra vida que… es mucho más larga que vuestra demasiado breve juventud…

Pero no, no debe pedirse nunca a un alumno que se ponga en el lugar de un profesor, la tentación de la risa sarcástica es demasiado fuerte. Y no le propongáis nunca que mida su tiempo con el nuestro: nuestra hora no es realmente la suya, no evolucionamos en la misma duración. Por lo que se refiere a hablarle de nosotros o de él mismo, nada de nada: el tema no es ese. Limitarnos a lo que hemos decidido: esa hora de gramática debe ser una burbuja en el tiempo. Mi trabajo consiste en hacer que mis alumnos sientan que existen gramaticalmente durante esos cincuenta y cinco minutos.

Para lograrlo, no debe perderse de vista que las horas no se parecen: las horas de la mañana no son las de la tarde; las horas del despertar, las horas de la digestión, las que preceden al recreo, las que le siguen, todas son distintas. Y la hora que viene tras la clase de mates no es como la que sigue a la de gimnasia…

Estas diferencias no tienen demasiada incidencia en la atención de los buenos alumnos. Estos gozan de una bendita facultad: cambiar de piel de buen grado, en el momento adecuado, en el lugar adecuado, pasar del adolescente revoltoso al alumno atento, del enamorado rechazado al empollón con centrado, del juguetón al estudioso, del allá al aquí, del pasado al presente, de las matemáticas a la literatura… Su velocidad de encarnación es lo que distingue a los buenos alumnos de los alumnos con problemas. Estos, como les reprochan sus profesores, están a menudo en otra parte. Se liberan con mayor dificultad de la hora precedente, se arrastran por un recuerdo o se proyectan en un deseo cualquiera de otra cosa. Su silla es un trampolín que les lanza fuera de la clase en cuanto se sientan en ella. Eso si no se duermen. Si lo que espero es su plena presencia mental, necesito ayudarles a instalarse en mi clase. ¿Los medios de conseguirlo? Eso se aprende sobre todo a la larga y con la práctica. Una sola certeza, la presencia de mis alumnos depende estrechamente de la mía: de mi presencia en la clase entera y en cada individuo en particular, de mi presencia también en mi materia, de mi presencia física, intelectual y mental, durante los cincuenta y cinco minutos que durará mi clase.

Daniel Pennac. Mal de escuela. Op cit. Págs. 109 a 111.

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Acerca de lasletrasmolan

Soy licenciado en Filología hispánica y profesor de asignaturas de letras: Lengua castellana, Lingua galega, Latín, Historia, Filosofía, Técnicas de expresión escrita, Francés. Tengo experiencia docente en colegios, academias y a domicilio. Ofrezco una visión lúdica de las materias de letras, sin olvidar la base teórica y teniendo muy en cuenta las dificultades del alumno a la hora de afrontar sus estudios. Querido profesor: también cuento contigo y tal vez en algún momento te sientas identificado con alguna de las situaciones aquí expuestas. Queridos padres: sin vosotros esta página no sería posible. Si quieres clases u organizar talleres de escritura o de lectura, no dudes en escribirme o llamarme. Puedes llamarme al 628693668 o escribirme a lasletrasmolan@hotmail.es
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