¡Señor Sócrates! ¡Es usted un liante! 2ª parte.


Recogemos otro diálogo en el que aparece Sócrates intentando volver loca a una persona, si bien os adelanto que en este caso el interlocutor le va a decir unas cuantas verdades. Nuevamente no sacan ninguna conclusión, sino que se vuelven a encontrar como al principio. Se trata de Hipias Mayor.

http://biblioteca.org.ar/libros/131273.pdf

Nuevamente se encuentra a alguien por la calle, a Hipias, y aparentemente le hace la pelota. Todo hay que decirlo, el tal Hipias es un tanto soberbio “Élide… me elige como embajador, porque considera que soy el más idóneo…” e incluso mejor que los grandes sabios de la antigüedad, de los que dice que son débiles para dedicarse a esta actividad (pág 3).

Ahora comienza Sócrates a liarlo y extrapola esa idea a otros campos; de acuerdo con esa idea los artistas antiguos quedan como unos inútiles ante los modernos. Y le plantea un hipotético caso en que resucitan ciertos personajes de la antigüedad y se ven muy torpes en su tiempo. O sea, como cuando ahora nos planteamos esos hipotéticos combates entre Tyson y Alí. No obstante el propio Hipias afirma que alaba antes a los antiguos, pero por superstición “por temor al enojo de los muertos”.

Luego le suelta un discurso larguísimo en el que al final le va dejando caer lo de cobrar por dar clases. Recordemos que era algo con lo que Sócrates no estaba de acuerdo.

Ninguno de aquellos antiguos juzgó nunca conveniente cobrar dinero como remuneración ni hacer exhibiciones de su sabiduría ante cualquier clase de hombres. Tan simples eran…

Cada uno de éstos (Sofistas) de ahora saca más dinero de su saber, que un artesano, sea el que sea, de su arte, y más que todos, Protágoras.

Hipias ha caído en la trampa y presume de ganar él más que todos ellos. Ya antes hicimos notar su caracter soberbio: “En resumen, creo que yo he ganado más dinero que otros dos sofistas cualesquiera juntos…”

Luego, en la página cinco le empieza a hacer preguntas sobre dónde saca más dinero, le interroga sobre varios lugares (Lacedemonia, Inico, Sicilia…) pero siempre teniendo Lacedemonia como referencia, puesto que es el lugar a donde Hipias va con más frecuencia pero no donde más gana. Sócrates lo va llevando por las costumbres, que si tienen tan buenas leyes por qué no piensan en sus jóvenes. Hipias termina respondiendo: “…no es legal para ellos dar una educación que venga del extranjero“.

Como partimos de la base de que Hipias es quien mejor puede enseñar y las leyes no permiten intervenir a los foráneos, Sócrates va derivando el tema  en que quien pone las leyes no lo hace bien y se cuestiona la opinión de la mayoría:

Sóc. – ¿Qué podemos decir? ¿Los legisladores no establecen la ley en la idea de que es el mayor bien para la ciudad y de que sin ella es imposible gobernar en buen orden?
Hip. -Dices la verdad.
Sóc. -Luego, cuándo los que intentan establecer las leyes no alcanzan el bien, tampoco alcanzan lo justo ni la ley. ¿Qué dices tú?
Hip. -Con un razonamiento exacto, Sócrates, así es; sin embargo, la gente no suele expresarlo así.
Sóc. – ¿Quiénes, Hipias, los que saben, o los
que no saben?
e
Hip. – La mayoría de los hombres.
Sóc. – ¿Son éstos, la mayoría, los que conocen
la verdad?
Hip. -De ningún modo

Seguidamente le tiende una trampa, pues le dice que si la ley busca lo beneficioso, y eso eso son las propias enseñanzas de Hipias, que son mejores que las de los padres, es que la ley de los lacedemonios es mala.

Con el debido respeto, señor Sócrates, todo eso es liarlo de mala manera, pues está claro que las leyes no son perfectas porque las personas que las elaboran tampoco lo son. Y que como las leyes buscan lo mejor y lo mejor son las enseñanzas de Hipias, pues están equivocadas y por tanto las están incumpliendo a pesar de que los súbditos hacen lo que estas dicen (ya hay que ser retorcido). Y el señor Hipias tampoco se queda corto en megalomanía al considerarse superior a las instituciones lacedemonias.

Luego (pág. 7) le empieza a preguntar una por una las materias que les enseña, y a todas las que le pregunta (geometría, cálculo, armonía) Hipias responde que no. Entonces Sócrates lo lleva a decirle qué materia les da y él le explica que es de historia, linajes, algo que se lo tuvo que estudiar. La puñalada trapera que le da Sócrates a continuación es de las que hacen época (la negrita es mía):

…Es verdad; no tenía en cuenta que tú dominas la mnemotecnia. Así que supongo que, con razón, los lacedemonios lo pasan bien
contigo, que sabes muchas cosas, y te tienen, como los niños a las viejas, para contarles historias agradables

Hipias no se entera, o no quiere enterarse, y sigue contándole sobre unos discursos bellamente compuestos por él. Entonces Sócrates le plantea otra pregunta; le pone como excusa que una persona le hizo una pregunta sobre lo bello y que tiene que darle una respuesta satisfactoria. Hipias sigue con su actitud de suficiencia y le dice que es una pregunta muy sencilla.

Repaso de lo sucedido hasta ahora: Sócrates tergiversa las palabras de Hipias hasta hacerle decir que los lacedemonios tienen leyes malas y finalmente le compara sus enseñanzas con los cuentos de las viejas para los niños, para posteriormente preguntarle otra cosa, acerca de lo bello.

Para que le pueda explicar ese concepto, Sócrates le pide hacer las veces de ese individuo, so pretexto de encontrar la mejor solución (pág 8). Hipias acepta. Entonces se plantea lo siguiente:

(Sócrates) Porque, si tú le expusieras a él este discurso que
dices sobre las ocupaciones bellas, te escucharía y, en cuanto terminaras de hablar, no te preguntaría más que sobre lo bello, pues tiene esa costumbre, y te diría: «Forastero de Élide, ¿acaso no son justos los justos por la justicia?» Responde, Hipias, como si fuera él el que te interroga

Pero vamos a ver ¿No quedamos en que se iba a hablar de lo bello? ¿Y a qué viene ahora meter la justicia? Le sigue preguntando por otros conceptos variados con esa misma dinámica (justicia, sabiduría…) y vuelven a lo bello. Todo hay que decirlo Hipias no le responde de forma muy precisa (una doncella bella, una yegua bella, una lira bella…). Luego Sócrates se lo dificulta estableciendo una comparación con los dioses (pág. 10). La conversación deriva hacia la belleza de los materiales: si el oro es bello, el marfil, la idoneidad de esculpir con estos materiales o la adecuación de los mismos a su función.

«Si la cuchara de madera de higuera es más adecuada que la de oro -dirá nuestro hombre-, ¿no es cierto que será también más bella, puesto que has admitido, Sócrates, que lo adecuado es más bello que lo no adecuado?» ¿Debemos admitir, Hipias, que
la cuchara de madera de higuera es más bella que la de oro?

O sea, que se mezcla el concepto de belleza con el de utilidad. Todo hay que decirlo, no poseo los suficientes conocimientos de griego antiguo para decir si en la definición de ambas palabras hay partes de significado común. Si hay alguien que lo sepa, por favor que me ilustre.

Luego con la excusa de que ese hombre que conoce Sócrates no le va a dar por buena ninguna respuesta, busca el asociar lo bello con lo adecuado (pág. 14) y de aquí pasan a si algo es bello si mejora otra cosa o la hace parecer mejor (pág. 15) Hipias le pide un poco más de tiempo para pensarlo “estoy convencido de que, si me quedara a solas un poco de tiempo y lo reflexionara, te lo diría con la máxima exactitud” o a lo mejor está intentando escaquearse discretamente. Pero Sócrates  sigue insistiendo y retoma el tema y contrapone entre bello-útil con feo-inútil.

Sóc. – ¿Lo que es capaz de realizar una cosa es útil para lo que es capaz, y lo que no es capaz es inútil?
Hip. -Sin duda.
Sóc. – ¿Luego el poder es algo bello y la falta de poder, algo feo?
Hip. – Totalmente, Sócrates. Otras cosas te darán testimonio de que esto es así, sobre todo la política; entre los políticos y en sus propias ciudades ejercer el poder es lo más bello; no tener ningún poder es lo más feo.

Personalmente esto lo considero mezclar la velocidad con el tocino, y Hipias cae en la trampa ¿qué tendrá que ver la utilidad con el poder y a su vez con la belleza? Imagino que dependerá de la forma de ejercerlo. Inmediatamente después Sócrates, sin más preámbulos, suelta la siguiente pregunta: ” ¿acaso por esto la sabiduría es lo más bello y la ignorancia lo más feo?” y la discusión deriva en quién actúa peor; si el que actúa mal por ignorancia o el que actúa mal teniendo conocimientos pero haciéndolo a propósito ¿Está relacionado con el concepto de belleza? Porque encima luego lo lía más y dice que las cosas malas son útiles para hacer el mal, por lo tanto el concepto de belleza como utilidad se mezcla con el de mal. Qué paciencia está teniendo Hipias.

Posteriormente Sócrates se pasa un buen rato explicándole a Hipias lo que le diría esa tercera persona en el caso de que se le respondiese con todo lo que se habó. Hasta que Hipias se empieza a cansar y le dice las verdades (la negrita es mía).

tú no examinas el conjunto de las cosas, ni tampoco, ésos con los que tú acostumbras a dialogar; aisláis lo bello o cualquier otra cosa y os echáis sobre ello haciendo en las conversaciones una obra despedazadora. Por esto, se os escapan inadvertidamente tan grandes y perennes objetos de la realidad. Ahora se te ha pasado por alto algo tan importante como creer que existe algún accidente o entidad que pertenezca a dos seres, pero no a cada uno de ellos, o, a la inversa, que pertenezca a cada uno, pero no a los dos. Tan irracional, irreflexiva, simple e ininteligible es vuestra situación.

Exacto, lo saca todo de contexto, se queda con detalles y lo mezcla todo. Tal y como está quedando demostrado. Menos mal que alguien se lo dijo.

Sócrates sigue en sus trece y alude a esto que acaba de decir y lleva la conversación por temas que bordean lo metafísico (si uno es uno, si los dos son dos, si al ser pares no son impares) para luego mezclarlo nuevamente con el concepto de belleza.

Finalmente Hipias pierde la paciencia y le dice (la negrita es mía):

¿qué crees tú que son todas estas palabras? Son raspaduras y fragmentos de una conversación, como decía hace un rato, partidas en trozos. Pero lo bello y digno de estimación es ser capaz de ofrecer un discurso adecuado y bello ante un tribunal, o ante el Consejo o cualquier otra magistratura en la que se produzca el debate, convencer y retirarse llevando no estas nimiedades, sino el mayor premio, la salvación de uno mismo, la de sus propios bienes y la de los amigos. A esto hay que consagrarse, mandando a paseo todas estas insignificancias, a fin de no parecer muy necio, al estar metido, como ahora, en tonterías y vaciedades.

Dejando al margen que la palabra definida no entra en la definición y que para él lo importante es guardar las apariencias, tiene toda la razón. La respuesta de Sócrates demuestra lo que dije desde un principio y que ya se demostró desde la semana pasada, que es un manipulador y que sus técnicas bordean el acoso psicológico (la negrita es mía).

Querido Hipias, tú eres bienaventurado porque sabes en qué un hombre debe ocuparse y porque lo practicas adecuadamente,
según dices. De mí, según parece, se ha apoderado un extraño destino y voy errando siempre en `continua incertidumbre y, cuando yo os muestro mi necesidad a vosotros, los sabios, apenas he terminado de hablar, me insultáis con vuestras palabras. Decís lo que tú dices ahora, que me ocupo en cosas inútiles, mínimas y dignas de nada. Por otra parte, cuando, convencido por vosotros, digo lo mismo que vosotros, que es mucho mejor ser capaz de ofrecer un discurso adecuado y bello y conseguir algo ante un tribunal o en cualquier otra asamblea, entonces oigo toda clase de insultos de otras personas de aquí y de este hombre que continuamente me refuta. Es precisamente un familiar muy próximo y vive en mi casa. En efecto, en cuanto entro en casa y me oye decir esto, me pregunta si no me da vergüenza atreverme a hablar de ocupaciones bellas y ser refutado manifiestamente acerca de lo bello, porque ni siquiera sé qué es realmente lo bello. «En verdad, me dice él, ¿cómo vas tú a saber si un discurso está hecho bellamente o no, u otra cosa cualquiera, si ignoras lo bello? Y cuando te encuentras en esta ignorancia, ¿crees tú que vale más la vida que la muerte?» Me sucede, como digo, recibir a la vez vuestros insultos y reproches y los de él. Pero quizá es necesario soportar todo esto: no hay nada extraño en que esto pueda serme provechoso. Ciertamente, Hipias, me parece que me ha sido beneficiosa la conversación con uno y otro de vosotros. Creo que entiendo el sentido del proverbio que dice: «Lo bello es difícil.»

O sea, acusa a Hipias y a los demás sabios de insultarle cada vez que hace una pregunta: por lo que se vio hasta ahora se paran a explicarle con paciencia los conceptos, este sabio perdió los estribos en algún momento, cierto, pero no lo insultó sistemáticamente.

Luego dice que le insultan igualmente cuando repite lo mismo que ellos porque cree que es verdad: mentira, aquí se pasa buscándole las cosquillas todo el tiempo, machacándolo a preguntas que no necesariamente tienen que ver con el tema que se trata, y para insultos, el que le dijo el propio Sócrates, que Hipias es para los lacedemonios como una vieja contando cuentos.

Finalmente el hombre del que hablaba antes, que según Sócrates era tan preguntón y que le tenía tan agobiado, resulta ser un familiar y vive con él. Para concluir esta crítica démosle, pues, a Sócrates de su propia medicina y digámosle: pero cómo, distinguido amigo Sócrates ¿cómo se puede buscar la definición de términos abstractos cuando ni siquiera se han solucionado los problemas concretos?

 

 

 

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Acerca de lasletrasmolan

Soy licenciado en Filología hispánica y profesor de asignaturas de letras: Lengua castellana, Lingua galega, Latín, Historia, Filosofía, Técnicas de expresión escrita, Francés. Tengo experiencia docente en colegios, academias y a domicilio. Ofrezco una visión lúdica de las materias de letras, sin olvidar la base teórica y teniendo muy en cuenta las dificultades del alumno a la hora de afrontar sus estudios. Querido profesor: también cuento contigo y tal vez en algún momento te sientas identificado con alguna de las situaciones aquí expuestas. Queridos padres: sin vosotros esta página no sería posible. Si quieres clases u organizar talleres de escritura o de lectura, no dudes en escribirme o llamarme. Puedes llamarme al 628693668 o escribirme a lasletrasmolan@hotmail.es
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